Pescador aparece en preparativos de su velorio tras darlo por muerto por huracán Eta en Honduras

Tegucigalpa, Honduras.- Desde el cayo South Cay llegó la noticia a la familia Castellón que reside en la aldea misquita Kaukira sobre el deceso de su líder de hogar el pasado 3 de noviembre.

La fatalidad que les narraron no era fácil de digerir: Itón Castellón, había perdido la vida mientras trabajaba en la pesca en alta mar cuando él y otro grupo de misquitos fueron atrapados por el todavía huracán categoría 5, Eta.

La causa de su deceso que argumentaron los pescadores que llegaron a Kaukira era que un paro cardíaco lo fulminó en medio de foreces olas, indomable viento y asfixiante tormenta.

Debido a la nula comunicación de la zona, dichos pescadores nunca supieron de la llegada de Eta al territorio nacional.

De inmediato, su familia con profundo dolor rentó una lancha para ir por el cadáver de su ser querido que trabajó en Tegucigalpa como pastor evangélico y tuvo que regresar a su tierra natal para evitar los embates del coronavirus y salir al mar a pescar por las pocas oportunidades de trabajo que son costumbre en esa zona.

Sin embargo, cuando ya todo el servicio fúnebre estaba preparado a la espera del cuerpo y posterior entierro, sucedió algo inesperado.

Se escucharon gritos de asombro y aplausos debido a que el cuerpo de Itón Castellón había llegado.

Con vida.

Todo parece indicar que lo que parecía un paro cardíaco en realidad fue un desmayo producto de la violencia del huracán que los alcanzó como pequeñas hormigas en medio del abrumante océano.

“Fue algo muy impresionante para la familia y amigos de la comunidad, unos cantaban y otros gritaban de la alegría y tanta emoción agradeciéndole a Dios por el regreso de su hijo”, expresó Marylin Bendles, una de las testigos del “milagro en alta mar”.

Itón vivió en carne propia la fuerza monstruosa del huracán que acabó con la vida de más de 50 personas en Honduras, convertido ya en tormenta tropical.

Al llegar al lugar no podía hablar, la experiencia fue aterradora y vivió para contarlo.

“Por la gracia de Dios estoy vivo”, fue lo poco que alcanzó a decir.

Luego, se asomó al ataúd que habían comprado para usarlo y con alivio sonrió.

Según los pobladores de Puerto Lempira, cabecera de Gracias a Dios, las inundaciones provocadas por Eta han dejando cuantiosas pérdidas en diferentes comunidades misquitas y el apoyo recibido ha sido escueto.

A esto se le suma la crisis que sufren tras el masivo contagio de coronavirus.

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