Las protestas por la muerte de George Floyd traspasan las fronteras de Estados Unidos

La muerte de George Floyd ha generado muestras de solidaridad fuera de Estados Unidos. Aunque lejos de los disturbios y protestas masivas en Estados Unidos, distintas ciudades de otras partes del mundo, desde Ámsterdam a Toronto, pasando por Sídney, París o Berlín, han sido escenario en los últimos días de manifestaciones pacíficas que en algunos casos entroncan con casos locales de discriminación o fallecimientos en los que está involucrado la policía.

“El virus está exponiendo desigualdades endémicas ignoradas desde hace demasiado tiempo. En Estados Unidos, las protestas desencadenadas por la muerte de George Floyd están poniendo de relieve no solo la violencia policial contra la gente de color, sino también las desigualdades en salud, educación, empleo y discriminación racial endémica. Esos problemas existen en mayor o menor grado en muchos otros países, donde las personas de descendencia africana y otras minorías raciales están sometidas a formas arraigadas de discriminación”, ha señalado este martes en un comunicado la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet.

La mayor protesta tuvo lugar este lunes en Ámsterdam. Unas 10.000 personas se concentraron en la plaza Dam, en el centro de la ciudad, y entonaron cánticos como “No puedo respirar”, en referencia a las últimas palabras de Floyd cuando tenía la rodilla del policía sobre su cuello. “Black lives matter” (“Las vidas negras importan”), nombre del movimiento estadounidense que adquirió relevancia tras la muerte de dos afroamericanos en 2014 en Ferguson, y “Sin justicia no hay paz” fueron otros de los lemas que entonaron los manifestantes. El alcalde de la ciudad, Femke Halsema, ha sido criticado este martes por permitir la concentración en medio de la pandemia.

Uno de los ejemplos más claros de cómo la muerte de Floyd ha enlazado con agravios similares en otras partes del mundo es Francia. Allí el nombre propio es Adama Traoré, un francés negro de 24 años que murió en 2016 durante una operación policial y cuyo nombre ha resurgido con especial fuerza estos últimos días. El Departamento de Policía de París ha prohibido una marcha este martes en recuerdo de Traoré por los riesgos tanto de disturbios como de propagación del coronavirus, según ha señalado en un comunicado. La capital francesa fue escenario un día antes de una pequeña protesta en la que, con una rodilla en el suelo en señal de protesta, decenas de personas mostraron pancartas frente a la Embajada de Estados Unidos con lemas como “El racismo nos está ahogando”, “Justicia para Floyd” o “No puedo respirar”. La mayoría vestía de negro y portaba mascarillas.

Al otro lado del Atlántico, en Canadá, miles de personas salieron a las calles el pasado sábado a pedir respuestas por la muerte de Regis Korchinski-Paquet, una mujer negra de 29 años que cayó del balcón de su apartamento, situado en la planta 24 del edificio, cuando estaba presente la policía. Ese mismo día hubo concentraciones, también pacíficas, en Vancouver y otras ciudades del país, pero una marcha al día siguiente en Montreal acabó con manifestantes rompiendo mostradores e incendiando objetos. Tanto el primer ministro, Justin Trudeau, como sus rivales en la oposición se pronunciaron públicamente este lunes contra el racismo. En su conferencia de prensa diaria, Trudeau se dirigió a los “jóvenes negros canadienses” para subrayar: “Quiero que sepáis que estoy escuchando y que vuestro Gobierno siempre estará a vuestro lado”.

En Nueva Zelanda también se escucharon palabras contra el racismo. Por una parte, de los miles de personas que salieron a manifestarse, pese a las restricciones por la pandemia. Por otro, de la primera ministra, Jacinda Ardern, quien se declaró “horrorizada” por la muerte de Floyd y mostró su comprensión por los sentimientos de los manifestantes en Estados Unidos.

Si en Francia es Adama Traoré y en Canadá, Regis Korchinski-Paquet, en Australia es un adolescente de los pueblos originarios cuyo arresto ha sido difundido en un vídeo justo estos días. En la grabación se ve cómo un policía pone las manos en la espalda y hace un barrido con la pierna para tirar al suelo y esposar al chico, que presuntamente le había amenazado con romperle la mandíbula. Este martes, miles de personas han protestado contra el racismo en el parque Hyde de Sídney con lemas como “¡No puedo respirar!” o “Las vidas negras importan”. Precisamente durante la Semana de la Reconciliación, que rinde homenaje a los australianos aborígenes, que suponen el 3% de la población.

En Alemania, más de 2.000 personas convocadas por redes sociales se concentraron el pasado sábado ante la Embajada de Estados Unidos en Berlín con pancartas como “Ser negro no es un crimen” o “Parad de matarnos”. Además, tres jugadores de la Bundesliga -el francés Marcus Thuram, el británico Jadon Sancho y el estadounidense Weston McKennie- hicieron gestos simbólicos contra el racismo en los partidos del pasado fin de semana. El ministro de Exteriores del país, Heiko Maas, ha expresado incluso su esperanza de que las protestas -que calificó de “comprensibles” y “más que legítimas” siempre y cuando sean pacíficas- “tengan un efecto” en el país americano.

Ese mismo fin de semana, en Londres, cientos de personas se congregaron en Trafalgar Square y una parte avanzó luego hacia la Embajada de Estados Unidos. Cinco personas fueron detenidas: dos por presuntamente agredir a un policía y las otros tres por incumplir las normas de distanciamiento social. También hubo protestas en otras ciudades europeas como Dublín o Copenhague. En Cracovia han sido colocadas velas en homenaje a Floyd ante el Consulado de EE UU y en Milán un grupo de jóvenes protagonizó una acción en la que simulaban ser ahogados.

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